27 de mayo de 2008

Corre Forrest, corre


Entre tanta vorágine en la vida de la gente que viaja a todos lados, en el subte, todos, sin excepción tienen que detenerse un segundo (al menos) en los molinetes. Quizás sea el momento de mayor calma de un oficinista en toda su mañana o el instante de desesperación de algún adolescente que llega tarde a su cursada universitaria. Pero todas las personas que viajan en el tren subterráneo tienen el derecho y la obligación de parar ahí, dar un leve empujón y seguir con sus actividades del día.
Quizás a simple vista no merezca ni la más mínima interpretación, pero que difícil es detenerse hoy en día, con todo el mundo corriendo para no retrasarse y cumplir a tiempo con sus deberes. Los molinetes del subte no pueden ser comparados con una taza de té acompañada de medialunas, o el placer de sentarse a leer un libro a plena luz del sol en una plaza, pero por lo menos, le dan a la gente esos segundos de tranquilidad, de saber que el tiempo que se tomen para pasar por ahí no depende de ellos mismos, sino de la maquina de los molinetes.
Antes “ese” tiempo era más prolongado, y se desarrollaba en otros lugares. Manteniendo como sitio el subte, se puede tomar como ejemplo las escaleras mecánicas, y ahí la gente sí podía detenerse algunos segundos para “respirar”. Pero a alguien se le ocurrió que se podían subir los escalones caminando mientras la mismísima escalera subía sola, y chau tranquilidad y ahorro de energía. También se podía (y de a ratos sigue siendo así) tomar como descanso el viaje en subte, pero cada vez se hace más difícil, porque se viaja apretado, con toda la gente quejándose, algunos hablando por teléfono celular o estudiando mientras el tren sigue su rumbo; además de los vendedores ambulantes, y de los pasajeros que comienzan a empujar a todos con tal de ponerse al lado de la puerta de salida, una o dos estaciones antes que el subte pare en donde desean descender.
Ninguna de estas cosas pasa en los molinetes. Es una parada obligatoria, y nadie empuja, nadie estudia, nadie se adelanta a otro para llegar antes a ningún lado. Es un insignificante par de segundos en el que todos pasan su tarjeta-boleto y continúan viaje.
Quizás sea inútil hacer un análisis sobre el funcionamiento o la utilidad de los molinetes en la vida de las personas, pero posiblemente sea más interesante detenernos un segundo a pensar porque nadie se detiene un segundo, y todos viven tan apurados, enojados, molestos, estresados, desinteresados por la persona que tienen al lado, y también despreocupados por ellos mismos.
Isaac Asimov (1920-1992) fue un escritor que nació en Rusia, y se nacionalizó estadounidense, que escribió novelas y series acerca del futuro de la humanidad y de cómo va a influir la robótica en ella (una especie de Julio Verne, pero que incursionó en la idea de los robots). En sus textos predice que el futuro estará lleno de robots, haciendo los deberes, caminando de un lado al otro, sin hacer ruido, sin prestarse atención los unos a los otros, más preocupados por cumplir órdenes que por ellos mismos. Quizás ese futuro sea el presente que hoy vivimos, porque hace falta pararse en una estación de subte, nada más, para ver como la gente se comporta como robots. Nosotros mismos somos los que no convivimos, que corremos y no nos detenemos más que para pasar el ticket en el molinete.

14 de mayo de 2008

Amor a la vida

Hace ya unas semanas que en la televisión argentina se vienen proyectando programas dedicados a la “vida nocturna” adolescente. En esos informes se muestran las actividades nocivas que los adolescentes practican y, en esos mismos informes, se intenta encontrar una respuesta a conductas autodestructivas como lo son: el consumo excesivo de alcohol, consumo de drogas ilegales, peleas callejeras, entre muchas otras.
Las conclusiones halladas en estos documentales apuntan hacia dos factores principalmente. El primero es la de la poca importancia que los chicos le dan a la vida y la segunda es que la falta de educación y de valores morales promueven este tipo de conductas; pero claro, en el Siglo XXI la culpa es del chancho y no de quien le da de comer. Es cierto que cada individuo tiene que hacerse responsable de sus actos sin importar en el estado en que se encuentre pero ¿Podemos echarle la culpa solo a los adolescentes?
Podríamos decir que en la Argentina mueren miles de personas en accidentes de transito a lo largo de cada año, la gran mayoría de esos accidentes son causados por personas mayores de 25 años. Podríamos hablar sobre los espectáculos deportivos en los cuales hay cientos de heridos cada mes. Podríamos hablar de la gran cantidad de personas que mueren en el hospital esperando un tratamiento a una enfermedad completamente curable. Podríamos hablar sobre la contaminación que cada individuo genera todos los días de forma innecesaria. Podríamos hablar de como los argentinos nos discriminamos descaradamente entre nosotros. Podríamos hablar de los 30000 desaparecidos que hubo en los últimos 30 años. Podríamos hablar sobre los responsables de esas desapariciones y de cómo siguen en libertad. Podríamos hablar de TODA la violencia con la que tenemos que convivir a diario pero no, elegimos hablar de las malas costumbres de los adolescentes el cual no es un hecho menor pero tampoco es un hecho aislado.
Ahora preguntémonos, si los chicos tienen esta conducta extremadamente violenta ¿No será por culpa de los grandes?

Hagámonos cargo de una buena vez de nuestras faltas, dejemos de terciarizar las culpas, asumamos que por nosotros las “cosas” están como están. Dejemos decir que la culpa la tienen las entidades gubernamentales, los padres, nuestros vecinos, nuestros hijos; dejemos de decir que “en nuestros tiempos las cosas eran de otra forma” y hagámonos cargo. Tal vez, y solo tal vez, cuando ese momento llegue todos podamos saborear un poco de paz en este país.

11 de mayo de 2008

De eso SI se habla

“Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento.” Nelson Mandela

    Política ¿de eso no se habla? ¿Por qué será que la sociedad argentina fue perdiendo el interés en la política?¿Este desinterés es sólo por parte de los jóvenes?¿Sólo se trata de desinterés o también tendrá que ver con la resignación?
    Probablemente una de las causas surge del llamado "Proceso de reorganización nacional", mejor dicho, la última y más cruel dictadura militar que debió sufrir la Argentina (1976-1983). Una de sus metas era eliminar a todos los subversivos y lo que hicieron fue “desaparecer” a toda persona que se encontraba políticamente activa (ya sea en partidos políticos, sindicatos, movimientos estudiantiles, organizaciones no gubernamentales, intelectuales, humanistas, etc.) y sembrar el miedo en el resto de la sociedad, convirtiendo la militancia política en tabú. Se consiguió lo que se buscaba, que el pueblo se interese cada vez menos en la cosa política, la cosa pública.
    En la actualidad el miedo fue reemplazado por el desinterés. Puede pensarse con fundamento que las actitudes de rechazo a la política son la consecuencia indeseable, pero lógica, de tantas decepciones producidas por distintos políticos que hemos conocido. Les pido que hagamos un poco de memoria: al término de la última dictadura en el pueblo se podía palpar la esperanza renovada volcada en la democracia, las elecciones dieron por ganador Raúl Ricardo Alfonsin quien no pudo terminar su mandato y debió renunciar, unos meses antes, a su puesto, la Argentina estaba sufriendo hiperinflación, déficit, desempleo, etc. Un nuevo fracaso íbamos a tener que desafiar, este fue la segunda década infame que tendría que afrontar el país con Carlos Saúl Menem al mando, una lista interminable de atrocidades (privatizaciones de la mayoría, sino de todas, las empresas estatales; una desocupación del 40%; aumento de la deuda externa, tráfico de armas, etc., etc.) que realizó mientras el pueblo prefirió mirar para otro lado. No alcanzó con esto, nuevas decepciones tendríamos que sufrir. Nuevamente elecciones dieron como electo a Fernando De la Rúa a 2 años de su mandato el pueblo salió a la calle con sus cacerolas, les habían tocado el bolsillo y eso no lo podían permitir, llegó el “que se vayan todos” acompañado del “nos vamos todos”, corralito, riesgo país, inflación, fin de la convertibilidad 1 a 1, saqueos, manifestaciones, represión, cinco presidentes en una semana. Consecuencia lógicas del monstruoso mandato anterior. En las elecciones del 2004 el candidato con mayor cantidad de votos no fue otro que Menem, pero se retiró del balotaje, nuestro nuevo presidente fue Néstor Kirchner. Sin embargo no habíamos aprendido nada. Habiendo pasado por todo esto es racional que hayamos perdido la esperanza, que creamos que quien sea que se siente en el sillón de Rivadavia nos va a volver a decepcionar, que nada va a cambiar, pero no dejemos que el pasado nos abata, es obvio que si no participamos cada vez vamos a estar peor, si hacemos lo contrario tenemos una posibilidad, por mínima que sea, de transformar nuestro panorama.
    La corrupción, el clientelismo, la presencia de los mismos candidatos en las cúspides de los partidos, nos hacen pensar que nada va a cambiar, que nuestro voto no vale nada pero ¿no será eso lo que quieren que pensemos? No es casualidad la degradación que viene sufriendo la educación, un pueblo ignorante es más fácil de dominar, sumado a la indigencia que lleva a los niños a trabajar a muy temprana edad, o peor, se sienten expulsados del sistema y no cuentan con una sólida institución que consiga incluirlo a la sociedad. También hay que tener en cuenta que vivimos en un país centralizado, lo que significa que en muchas ciudades del país no se cuenta con suficientes instituciones escolares, o maestros, hay chicos que deben viajar kilómetros para llegar al colegio, jóvenes que deben abandonar su provincia en busca de un futuro mejor, ya sea para estudiar en alguna universidad o para conseguir un trabajo digno. Corresponde a la escuela formar ciudadanos, sujetos críticos capaces de desnaturalizar lo que los medios o discursos nos dan masticado.
    Y, si pensamos en aquellas personas que creen que el sistema político, económico debería cambiar, nos encontramos con un panorama desalentador, ya que hoy en día, no hay en la Argentina un partido de izquierda con la suficiente fuerza para confrontar a los partidos convencionales(ya sean las diferentes ramas del peronismo o el radicalismo), sino varios pequeños partidos que no consiguen aparecer ni en el quinto puesto de las encuestas. ¿Será que todavía no entendieron que la unión hace la fuerza? En este punto no debemos dejar de tener en cuenta que las dictaduras que se instalaron en Sudamérica, apoyadas, sino establecidas, por los países dominantes a causa del miedo al comunismo, al “terrorismo rojo” procuró eliminar toda idea (y persona) revolucionaria.
    En definitiva el desinterés empobrece la vida ciudadana y a la democracia, que, para ser efectiva, requiere participación y conciencia cívica. La respuesta apropiada no es excluirse sino intervenir, con la convicción de que el país, para mejorar, necesita de la participación política.
    Ya no recordamos de lo que realmente se trata la democracia cuando llegan las elecciones y nos llega el turno de votar, lo hacemos porque en nuestro país el sufragio es obligatorio pero nos olvidamos que también es nuestro derecho. No podemos permitirnos olvidarlo, al hacerlo dejamos que otros decidan nuestro futuro por nosotros.

9 de mayo de 2008

Sociedad de Imagen?

Puede ser que nos encontremos en una Sociedad con valores cambiados? Que valores se deberían tener en cuenta y cuales son tenidos en cuenta? Que son los valores sino mas que visiones idealizadas? Estas son algunas de las preguntas que me hago al momento de escuchar charlas de distintas personas. Personas con las cuales, tal vez, no comparto nada... más que la sociedad en la que vivo. Considero que al momento de generarse una charla hoy en día en muchos grupos se opta por la charla superflua, superficial. Estos mismos grupos son partes funcionales de nuestra sociedad, que tal vez ven esta realidad que nos rodea, pero prefieren obviarla prestando mas atención a que tipo de ropa se van a comprar o a si el humo con el que estuvimos cubiertos evitó poder apreciar su nuevo automóvil. Lo que digo es que también se puede uno preocupar por eso pero teniendo en cuenta que hay mucha gente que apenas tiene ropa, ni hablar de un automóvil. O tal vez se podrían poner a debatir si lo acontecido con el humo fue algo "normal", o si pudo tener alguna implicancia política.
Claro que eso iría en contra de esta "Imagen" que hay que mantener. "Política" hoy en día parece ser una mala palabra, así como "zurdo". Me gustaría saber bien a que se le aplica esta última palabra que generalmente es utilizada de manera ofensiva y hasta denigradora. Tratando de ser objetivo, considero que la imagen de la propia sociedad es muy triste. Mucha gente admirando espejitos de colores, mucha gente queriendo esos espejitos de colores, unos pocos en desacuerdo con la situación pero tal vez sin saber como actuar, y algunos indiferentes.
Mi propuesta: tratar de desmitificar palabras como "política", "zurdo" o cualquier otra que tenga algún "monstruo" o "imagen fea" asociada. En la próxima charla entre amigos o conocidos tratar de hablar de los temas de manera mas profunda y buscar un mayor trasfondo a las cosas.

8 de mayo de 2008

Bienvenido!

Este es el inicio de lo que espero sea un poyecto productivo y duradero. La publicación del periódico mensual Prisma comenzará apenas tengamos el desarrollo mas avanzado, pero por lo pronto les dejo un saludo por la visita, y un sincero abrazo.