13 de octubre de 2008

Alabado sea el Dios Dólar


    Dólares, Euros, Pesos, Libras, papelitos o espejitos de colores, o como quieran llamar a lo que hoy maneja nuestras vidas.
    Pensemos, para poder nacer, crecer, reproducirnos y morir (como cualquier ser vivo en este planeta) necesitamos diariamente alimento, agua, abrigo (o vivienda en nuestro caso) pero esto ya no es tan simple en la actualidad (y desde ya hace varios siglos), ya que hace muchos años atrás a algún lunático se le ocurrió comenzar a intercambiar productos esenciales para la supervivencia por productos completamente innecesarios y superfluos para la vida humana(antes metales, hoy papelitos, qué mas da) y por alguna razón, que no viene al caso preguntarse ahora, el resto siguió su locura.
    Y resulta, que hoy en día, lo más necesario para vivir, es lo más innecesario. Sin papelitos no comemos, no tomamos, no tenemos vivienda y ni hablar de educación, salud, etc., etc. En definitiva, no tenemos vida, no tenemos nada. Nosotros, los “Homo Sapiens sapiens”, los seres humanos más evolucionados, civilizados, tan superiores al resto de los animales, y, sin embargo, toda la raza entera podría extinguirse sino consigue sus, tan amados, papelitos de colores(o en su defecto, metales, plástico, números en una pantalla, no importa).
    Fíjense que ni siquiera hablo de cosas, que si bien hoy en día muchos de nosotros consideramos como esenciales para nuestra vida o por lo menos las cosas que nos gusta hacer periódicamente, tales como ver televisión, escuchar música, leer un libro, vestirnos, comprarnos ropa, etc., sólo les hablo de necesidades básicas que deben ser satisfechas para poder continuar en pie.
    Digamos que puedo aceptar el hecho de tener que conseguir papelitos para poder vivir (tampoco me queda otra) ¿Cómo puedo hacer para conseguirlos? Supongo que prácticamente todos me contestarían: trabajando. Ahora antes de poder conseguir ese trabajo, ir al lugar para adquirir esos papelitos necesito papelitos (ni hablar de experiencia, cierta presencia, etc.). Pero bueno, entonces, digamos que como lo necesito agarro cualquier trabajo que encuentre, porque además, claro, “el trabajo dignifica”. Esa famosa frase tan arraigada en nuestro sentido común. Y llegado este punto yo me pregunto: ¿trabajar por $2, dignifica?, ¿trabajar de cualquier cosa, que no nos guste, por la necesidad de conseguir papelitos, dignifica?, ¿ser presidentes de una multinacional que por ahorrarse unos papelitos sacrifica día a día la vida de cientos de personas, dignifica? Creo que no (en realidad estoy segura de que no). Todo lo que antes dignificaba, enriquecía nuestras vidas hoy lo usamos como medio para conseguir los dichosos papelitos. Incluso en la actualidad esto es aún más grave, ya que antes, por lo menos, el dinero era el medio para conseguir lo que realmente queríamos, ahora, es un fin en si mismo. Y yo me/les pregunto: ¿utilizar cualquier medio, por mas horrible que sea, para conseguir papelitos, dignifica?
    Que no se malentienda, no digo que esté mal querer trabajar, sobretodo si es de lo que nos gusta, ascender en la carrera, incluso querer ganar más plata, en definitiva todos lo queremos porque tampoco podemos quedar fuera de la lógica de este sistema. Y esta claro el por qué, o nos morimos o nos encierran. Igual habría que pensarlo, sea en la cárcel o en un neurosiquiátrico podemos comer, beber, dormir sin tener que desembolsar ni un papelito (de todas maneras alguien tendrá que hacerlo por nosotros). Algo así como que si no robas, morís y si robas, te premian (que se entienda que no lo digo enserio, solo para ejemplificar lo estúpido que puede ser este sistema).
    Y la desigualdad, la brecha económica entre los llamados ricos y pobres, es más elevada que nunca. Sólo en la Argentina, el grupo económico que más tiene supera treinta veces el poder adquisitivo del que menos tiene. También podríamos pensar en África pero creo que es un tema tan amplio y complicado que demanda un artículo aparte. O en la sobreestimación de algunas profesiones, tal como ser futbolista, artista, cantante, etc., y no digo que no sean trabajos y que no merezcan un buen sueldo pero si digo que es indignante pensar que en un mes, algunos, ganan tanto más de lo que podrá ganar un obrero, por ejemplo, en toda su vida, probablemente no habiendo trabajado menos horas y, seguramente, en peores condiciones. En fin, los casos que ejemplifican esto son muchísimos como para volcarlos acá.
    Quizás todos estos planteos les parezcan obvios y claro está que todos entendemos que el mundo se maneja con plata. Pero yo no estoy buscando enseñar nada ni decir cosas que no se hayan dicho antes, simplemente, o no tan simple, lo que busco es que no naturalicemos el hecho de necesitar dinero para vivir, para ser felices, para ser mejor que los demás. Si utilice tanto la palabra “papelitos” es para que se realce que es sólo eso lo que son y que no podemos dejar que nuestra cabeza valga unos cuantos de ellos. Porque el cuerpo no respira papelitos, no come papelitos, no nace, crece, se reproduce y muere por papelitos. Ni nuestras mentes piensan, sienten, aman gracias a papelitos. Aunque si, es verdad, que muchos, viven por y para esos papelitos y algunos otros, matan por y para ellos. En definitiva nosotros tenemos el poder para decidir si queremos que unos papelitos manejen nuestras vidas o si preferimos ser nosotros los que escribamos nuestro destino en ellos. Al fin y al cabo, ¿los papeles no servían para eso?

4 de agosto de 2008

¿Individuo social o Sociedad individual?


    Sabemos, sin necesidad de razonarlo, que no podemos vivir sin estar relacionados con otros hombres, ninguna persona es una isla, por más solitarios que seamos, nos relacionamos diariamente con decenas y hasta cientos de personas por día. Pueden no tener un nombre propio o quizás ni siquiera un cuerpo, ya que consumimos objetos que fueron creados, cosechados, trabajados por otros hombres.
    Entonces, si necesitamos al resto para poder sobrevivir y vivir (lo cuál es diferente) ¿Por qué sólo pensamos en nosotros? Lo que nos preocupa, lo que nos conviene y que el resto se las arregle.
    En lugar de cooperar, competimos. Este sistema nos enseñó que el otro es otro, y por lo tanto, rival. Jugamos a la supervivencia del más apto en la jungla de cemento.
    Juzgamos y criticamos las actitudes de las personas desde nuestro lugar privilegiado, sin la capacidad de ponernos en el lugar del otro y observar desde su punto de vista y poder entender el por qué de sus acciones. Nos enfrentamos con quienes deberíamos unirnos y nos aliamos con los que deberíamos enfrentar.
    Permitanme contar aquí una experiencia personal para tratar de explicarme mejor. Estudio sociología en la Universidad de Buenos Aires y puedo decirles que sólo quienes cursamos en la sede de sociales de dicha facultad podemos entender las malas condiciones del edificio, y lo que eso significa para nuestra formación. Baños sin puerta, ratas en uno de los pisos, sufrir frío o calor durante la cursada, hacinamiento, estudiantes sentados en el piso durante la clase, falta de matafuegos en buen estado, etc., etc. Ante esta situación y habiendo agotado otras formas de lucha, cansados de que la promesa del edificio único de sociales nunca llegue y que esta noticia no se difunda en los medios a pesar de habernos comunicado con ellos, nos vimos en la situación de tener que cortar la calle para que alguien nos escuche. Y la respuesta de la gente fue insultarnos, incluso tirarnos agua desde un edificio. Prácticamente a nadie se le ocurrió siquiera preguntarnos porque lo estábamos haciendo. Si estábamos o no justificados, sólo pensaron en que iban a perder media hora de su día por nuestra culpa. Apurados para llegar a sus casas a ver “bailando por un sueño”. Nosotros sólo estábamos reclamando por nuestra educación y la de todos los que deben cursar en las mismas condiciones, sin saber si un día (esperemos que no) haya un incendió en esta sede y debamos pasar por un nuevo cromagnon.
    Pero claro, cuando es a alguno de nosotros el que debe manifestarse en contra de algo que lo perjudica, se indigna de que el resto no lo ayude, no lo entienda. Porque entiende que su causa sí es legitima.
    Puede pasar que a veces no queramos acordarnos que hay otros que están mal, tenemos suficiente con nuestros problemas como para ponernos a pensar en los del que esta al lado, no tenemos ganas de sentirnos mal o hasta culpables de no hacer nada para ayudarlos y preferimos escondernos, nos encerramos en nuestro circulo para que nadie más pueda entrar, nos aislamos y mientras que a nosotros no nos pase nada que nos obligue a salir de nuestra casita de cristal, todo andará “bien” y mientras, juzgamos al resto desde nuestro encierro.
    Tratemos de acá en delante de no mirar al otro como otro, no dejemos que la lógica del sistema nos venda que la vida es una competencia y que debemos tratar de diferenciarnos del otro para conseguir lo que queremos. No somos mejores por tener tal o cual cosa. Intentemos salir de nuestro refugio y mirar la situación desde el punto de vista del otro y no desde el propio. No sólo somos individuos, juntos somos sociedad y como tal vamos todos hacia el mismo camino. Podemos elegir hacerlo luchando unos contra otros mientras los que tratan de dirigirnos hacia su propio fin disfrutan de nuestra batalla y se aprovechan de ella, o unirnos, solidarizarnos con los que están a nuestro lado y luchar, no ya contra nosotros mismos, sino contra la lógica que nos oprime y obliga a mirar al prójimo como a un enemigo. Porque solos somos mortales pero como sociedad somos eternos. Porque la unión hace la fuerza. Y porque, en definitiva, nos necesitamos unos a otros.

22 de julio de 2008

¿Dónde están los ladrones?

El 20 de mayo de 1998, en medio de sospechas sobre su participación en el asesinato del periodista José Luis Cabezas y vigilado de cerca por sus vínculos con las drogas y el lavado de dinero, Alfredo Yabrán apareció muerto en su domicilio de un escopetazo en la cara que el mismo se abría aprovisionado. La noticia, que cubrió los titulares de diarios y revistas argentinas, provocó una inevitable conmoción en la gente, que veía al oscuro empresario como un personaje muy poderoso y directamente relacionado a la política. Entre la enorme cantidad de interrogantes que quedaron en un halo de misterio, el más fuerte de ellos está relacionado con su propia desaparición. Y es que, así como una parte importante de la gente asegura que Yabrán está muerto, otra gran cantidad de personas jura que el empresario postal esta vivo e impune mas allá de las atrocidades que cometió en el pasado.

Que este vivo o muerto no es el tema central de esta nota sino ver y analizar la organización de negocios de índole mafiosa y delictiva que dejo tras su desaparición. Recordemos que el sospechado empresario manejaba una increíble organización relacionada al tráfico de estupefacientes y su posterior lavado de dinero.

Todo mafioso tiene su historia

Uno de los primeros negocios de peso que el empresario Alfredo Yabrán realizo fue la venta de computadoras “Burroughs” a la petrolífera YPF. Es muy posible que en esa época allá comenzado su vinculo con, el fallecido sindicalista petrolero, Diego Ibáñez quién, mas allá de haber controlado todo el movimiento de peones en los puertos de Mar del Plata, estuvo estrechamente vinculado al presidente de YPF, el general Suárez Mason, durante dos años, en los cuáles “desaparecieron misteriosamente” alrededor de mil millones de dólares (no se preocupen, leyeron bien).

Fuentes de inteligencia vincularon repetidamente a Diego Ibáñez con el frigorífico “Estrella de Mar” donde habría estado asociado con Jorge Antonio Chividian, hombre de negocios que fuera el principal financista en el exilio del ex presidente Juan Domingo Perón. De este frigorífico se logro secuestrar alrededor de 600 kilos de cocaína que se encontraban entre los crustáceos que iban a partir hacia Europa. Otro dato que vinculan a Yabrán e Ibáñez es que cuando el hijo de Ibáñez fue secuestrado, el empresario postal le entrego dos millones de dólares para pagar el rescate. La historia oficial marca que el secuestro lo había llevado a cabo un familiar de Ibáñez que, tras descubrir que su pariente había recibido esa suma mediante “negocios turbios”, decidió secuestrar al muchacho. El joven murió.

Algunos años mas tarde, Diego Ibáñez falleció mientras conducía su automóvil rumbo a Mar del Plata en un supuesto accidente de transito, lo extraño de este suceso es que el mismo se encontraba solo. Esta noticia fue difundida por los medios de comunicación, los cuales nunca pusieron en duda que este hecho había sido un accidente.

Puede que si este muerto...

Tanto Ibáñez como Yabrán formaban parte de una organización internacional al mejor estilo “El Padrino” en la cual las deudas se saldaban con la sangre de los hijos de quienes osaban desobedecer. Dado este dato es posible suponer un suicidio ya que se decía que Alfredo Yabrán poseía un inconmensurable amor por su hija Melina. Al menos, esta fue la primera hipótesis que barajo el servicio de inteligencia para intentar esclarecer la muerte del empresario. El mismo Yabrán había admitido ser victima de diferentes amenazas y Héctor Colella (su supuesto sucesor) dijo haber recibido un pedido en el cual el se tenia que ocupar de su familia.

Pocas horas antes de que Yabrán se suicidara el 20 de junio de 1998, el economista Juan Alemann publicó un artículo en el que lo acusaba de ser "testaferro de traficantes, o incluso de participar del negocio".

La posibilidad de que Yabrán se haya suicidado creyendo que de lo contrario sus hijos sufrirían las consecuencias es alta. Para cuando jaló el gatillo de su escopeta, todos sus canales con el Poder habían desaparecido. Estaba solo, sabía demasiado y alguien con demasiada información y poco poder es muy peligrosa para el mundo delictivo, nadie quería que siga con vida. Aparentemente el tampoco.

Puede que no...

Días antes de su muerte Yabrán le regaló a su amigo Carlos Galaor Mouriño una novela llamada “El socio”, basada en la historia de un hombre que finge su propia muerte para escapar de la justicia. Las similitudes entre el mafioso de la novela y Yabrán son realmente asombrosas y queda la duda de cuáles fueron los reales motivos que llevaron al empresario a obsequiar dicho libro a un hombre tan poco letrado como lo era Carlos Mouriño.

Reforzando esta hipótesis, en agosto de 1998, un conocido periodista, Leo Gleizer, denunció públicamente que tenía la certeza de que Yabrán estaba escondido en un puerto de Siria. Según él, una “fuente inobjetable” se lo había asegurado. Asimismo, en el momento en el que se hizo pública la muerte de Yabrán, se comenzó a hablar en Entre Ríos de la extraña desaparición de un “vagabundo” físicamente parecido al poderoso empresario postal.

Gracias a sus contactos dentro del poder político se puede suponer que Yabrán sabia que el Juez Macchi ordenaría su captura en los próximos días. Y que mucho de esto tuvo que ver su abogado, Guillermo Ledesma, quien presuntamente había llamado a Yabrán para avisarle que estaba todo preparado para llevar a cabo su escape. Pero el empresario sabia que no iba a poder esconderse por mucho tiempo ya que sus vínculos políticos se disolvían y que el FBI se había encargado de presionar a las autoridades locales para hacer efectiva su captura. Según Eduardo Duhalde las autoridades norteamericanas seguían con detalle las conexiones oficiales de Yabrán con sectores del poder económico también sospechados de lavar dinero.

Cuesta creer que Yabrán no haya hecho nada y que se haya matado sin acusar a nadie concreto de su desgracia. Cuesta creer que no haya intentado escaparse de algún modo. Pero lo que más cuesta creer es que el “grupo mafioso” que comandaba se haya disuelto en la nada y que todo el poder que tenían y ostentaban no hayan servido, ni siquiera, para hacer desaparecer al cabecilla de tal organización para que siga impune de los delitos cometidos

Lo importante es que no nos olvidemos el por qué

¿Cómo es posible que una persona que tuvo tanto poder dentro del ámbito político y de la mafia internacional haya perdido todo respaldo? La respuesta es simple: el asesinato de José Luis Cabezas (1961-25 de enero de 1997).

El asesinato del entonces reportero gráfico de la revista “Noticias”, quien estaba investigando la asociación entre Yabrán y la mafia organizada, marco un antes y un después en la historia moderna de la Argentina. Este crimen sacó a la luz todo un tejido de corrupción que vinculaba a ministros, jueces, legisladores, las fuerzas armadas y de seguridad con los intereses de los grandes grupos económicos.

El asesinato de Cabezas fue un mensaje claro para todos los interesados en el tema. Serviría para que todos los periodistas y reporteros gráficos que investigaban y querían hacer pública información que se pretendía que quede en las sombras callaran. Serviría para que los políticos que se oponían al accionar mafioso dejen de actuar, y especialmente para que todos los habitantes de la república argentina sientan miedo y decidan callar antes que hablar. Pero el símbolo, que fue la muerte del reportero, les jugó en contra. No contaban con que el pueblo diría “basta” ante tanta impunidad por parte de los poderosos y se levantaría en una cruzada contra la injusticia.

Dado el increíble poder que tienen las organizaciones mafiosas no le fue fácil a la familia de Cabezas ni al abogado Alejandro Vecchi llevar adelante un juicio en el que se logró que esa red, hasta entonces impenetrable, se tornara vulnerable. El caso Cabezas demostró a todo el país cómo las organizaciones mafiosas necesitan no sólo la impunidad sino también la mentira. Con la impunidad pueden seguir haciendo lo que quieren; con la mentira, dirigir la opinión y el pensamiento de la ciudadanía.

Hoy como nunca gritemos al unísono: “NO SE OLVIDEN DE CABEZAS”. Y no nos olvidemos nosotros, el pueblo, que la única forma de desenmascarar este tipo de organizaciones delictivas esta en nosotros. Dejemos de hacer la vista gorda ante la impunidad de las injusticias que vemos, sepamos que “ellos” actúan en las sombras, actúan en base a nuestra ignorancia; busquemos la verdad, busquemos justicia, busquemos una sociedad libre de opresores. Y no nos olvidemos que lo que hizo que un “capo-mafia” como lo era Yabrán cayera fue la mirada acusadora del pueblo. El poder esta en nosotros, ¡EL PODER SOMOS NOSOTROS!

4 de junio de 2008

Volver al futuro


    Si pensamos qué nos diferencia a los humanos de los animales, seguramente habrá muchas características que citar y cada uno tendrá su preferida. La característica que me permitiré nombrar en esta ocasión es la capacidad que tiene el hombre para proyectar alguna cosa a futuro. El animal siente una necesidad y actúa en consecuencia, en cambio, el ser humano puede crear, actuar, pensar, adelantándose a esa necesidad, retrasándola, o incluso sin necesidad alguna.
    De hecho vivimos planeando, pensando en el futuro o, también en el pasado pero, prácticamente nunca, en el presente. Algo que muchas filosofías critican, aunque lo creo indispensable en algunos casos, donde deberíamos pensar cuáles pueden ser las consecuencias de nuestros actos.
    Hablemos de un caso especifico: cuando vamos caminando por la calle o conduciendo nuestro auto, comiendo alguna cosa, inmediatamente apenas acabamos de consumirlo, tiramos su envoltura a la calle, pensando en lo que nos pasó o en lo que queremos que nos pase, sin detenernos a pensar ni un momento lo que ese simple acto significa, lo que puede llegar a acarrear para el futuro. Y si, en todo caso, alguien cuestiona nuestra actitud y nos obliga a pensar en lo que hicimos, tratamos de justificarlo diciendo: “todo el mundo lo hace, que una sola persona deje de hacerlo no va cambiar nada”. Pero ¿Y si pensáramos exactamente lo contrario y cada persona comenzase a utilizar la misma lógica? ¿Las cosas no serían un poquito diferente?
    Pensemos en lo ocasionó que no pensemos, ciclón en Myanmar, terremoto en China, erupción del volcán Chaiten en Chile, huracanes en Estados Unidos, y la lista podría seguir y seguir. Casos que significaron que desaparecieran de la faz de la tierra, aproximadamente, medio millón de personas en tan sólo unos días. Y si, lamentamos las muertes, sentimos lastima y asumimos, quizás que fue el castigo de algún Dios. Ni se nos pasa por las cabezas que estos desastres “naturales” puede que no sean tan naturales. Si no, que sean el lógico desenlace del maltrato que viene sufriendo el planeta los últimos 200 años. Ya que si bien siempre hubo catástrofes, no tuvieron estas características.
    La contaminación que producimos, y seguimos produciendo, es descomunal. Empresas que, en muchos casos con permiso de los gobiernos, arrojan directamente sus desechos a los ríos para no gastar dinero en un tratamiento adecuado que no contamine (¿Qué vamos a tomar en unos años?¿Cuántas personas podrán comprar la única agua potable que habrá en el planeta?) , el humo que expulsan en el aire; la polución de autos, colectivos, camiones; las cloacas que van a parar al río sin ningún tratamiento previo; etc.¿Cómo podemos esperar que no se produzcan catástrofes “naturales”? No podemos esperar otra cosa que lo que sucede: calentamiento global, derretimiento de los glaciares, el agotamiento del agua potable, terremotos, ciclones, tsunamis, huracanes, frío cuando debe hacer calor, nieve cuando debe llover, etc. Lindo futuro el que nos depara. Futuro que vendimos para gastar menos ¿Plata? ¿Esfuerzo? ¿Cuánto dinero o esfuerzo vale una vida?
    Puede parecer exagerada mi posición, e insignificante el hecho de tirar un papel comparado con los litros y litros de desechos que arrojan las empresas pero cómo podemos pretender que algo de esto cambie y/o deje de suceder cuando no hacemos nada para que eso suceda, sino todo lo contrario, contribuimos a que el problema empeore.
    Entonces, si nos ponemos a pensar qué vamos a comer esta noche, qué vamos a hacer este fin de semana, etc. ¿No podemos reflexionar un segundo antes de tirar un papel al suelo y pensar lo que este pequeño acto significa realmente? Quizás sea más sencillo que guardarlo hasta encontrar un tacho (algo difícil en esta ciudad) pero les aseguro que es mucho más fácil que tener que pagar, en unos años, las consecuencias.

27 de mayo de 2008

Corre Forrest, corre


Entre tanta vorágine en la vida de la gente que viaja a todos lados, en el subte, todos, sin excepción tienen que detenerse un segundo (al menos) en los molinetes. Quizás sea el momento de mayor calma de un oficinista en toda su mañana o el instante de desesperación de algún adolescente que llega tarde a su cursada universitaria. Pero todas las personas que viajan en el tren subterráneo tienen el derecho y la obligación de parar ahí, dar un leve empujón y seguir con sus actividades del día.
Quizás a simple vista no merezca ni la más mínima interpretación, pero que difícil es detenerse hoy en día, con todo el mundo corriendo para no retrasarse y cumplir a tiempo con sus deberes. Los molinetes del subte no pueden ser comparados con una taza de té acompañada de medialunas, o el placer de sentarse a leer un libro a plena luz del sol en una plaza, pero por lo menos, le dan a la gente esos segundos de tranquilidad, de saber que el tiempo que se tomen para pasar por ahí no depende de ellos mismos, sino de la maquina de los molinetes.
Antes “ese” tiempo era más prolongado, y se desarrollaba en otros lugares. Manteniendo como sitio el subte, se puede tomar como ejemplo las escaleras mecánicas, y ahí la gente sí podía detenerse algunos segundos para “respirar”. Pero a alguien se le ocurrió que se podían subir los escalones caminando mientras la mismísima escalera subía sola, y chau tranquilidad y ahorro de energía. También se podía (y de a ratos sigue siendo así) tomar como descanso el viaje en subte, pero cada vez se hace más difícil, porque se viaja apretado, con toda la gente quejándose, algunos hablando por teléfono celular o estudiando mientras el tren sigue su rumbo; además de los vendedores ambulantes, y de los pasajeros que comienzan a empujar a todos con tal de ponerse al lado de la puerta de salida, una o dos estaciones antes que el subte pare en donde desean descender.
Ninguna de estas cosas pasa en los molinetes. Es una parada obligatoria, y nadie empuja, nadie estudia, nadie se adelanta a otro para llegar antes a ningún lado. Es un insignificante par de segundos en el que todos pasan su tarjeta-boleto y continúan viaje.
Quizás sea inútil hacer un análisis sobre el funcionamiento o la utilidad de los molinetes en la vida de las personas, pero posiblemente sea más interesante detenernos un segundo a pensar porque nadie se detiene un segundo, y todos viven tan apurados, enojados, molestos, estresados, desinteresados por la persona que tienen al lado, y también despreocupados por ellos mismos.
Isaac Asimov (1920-1992) fue un escritor que nació en Rusia, y se nacionalizó estadounidense, que escribió novelas y series acerca del futuro de la humanidad y de cómo va a influir la robótica en ella (una especie de Julio Verne, pero que incursionó en la idea de los robots). En sus textos predice que el futuro estará lleno de robots, haciendo los deberes, caminando de un lado al otro, sin hacer ruido, sin prestarse atención los unos a los otros, más preocupados por cumplir órdenes que por ellos mismos. Quizás ese futuro sea el presente que hoy vivimos, porque hace falta pararse en una estación de subte, nada más, para ver como la gente se comporta como robots. Nosotros mismos somos los que no convivimos, que corremos y no nos detenemos más que para pasar el ticket en el molinete.

14 de mayo de 2008

Amor a la vida

Hace ya unas semanas que en la televisión argentina se vienen proyectando programas dedicados a la “vida nocturna” adolescente. En esos informes se muestran las actividades nocivas que los adolescentes practican y, en esos mismos informes, se intenta encontrar una respuesta a conductas autodestructivas como lo son: el consumo excesivo de alcohol, consumo de drogas ilegales, peleas callejeras, entre muchas otras.
Las conclusiones halladas en estos documentales apuntan hacia dos factores principalmente. El primero es la de la poca importancia que los chicos le dan a la vida y la segunda es que la falta de educación y de valores morales promueven este tipo de conductas; pero claro, en el Siglo XXI la culpa es del chancho y no de quien le da de comer. Es cierto que cada individuo tiene que hacerse responsable de sus actos sin importar en el estado en que se encuentre pero ¿Podemos echarle la culpa solo a los adolescentes?
Podríamos decir que en la Argentina mueren miles de personas en accidentes de transito a lo largo de cada año, la gran mayoría de esos accidentes son causados por personas mayores de 25 años. Podríamos hablar sobre los espectáculos deportivos en los cuales hay cientos de heridos cada mes. Podríamos hablar de la gran cantidad de personas que mueren en el hospital esperando un tratamiento a una enfermedad completamente curable. Podríamos hablar sobre la contaminación que cada individuo genera todos los días de forma innecesaria. Podríamos hablar de como los argentinos nos discriminamos descaradamente entre nosotros. Podríamos hablar de los 30000 desaparecidos que hubo en los últimos 30 años. Podríamos hablar sobre los responsables de esas desapariciones y de cómo siguen en libertad. Podríamos hablar de TODA la violencia con la que tenemos que convivir a diario pero no, elegimos hablar de las malas costumbres de los adolescentes el cual no es un hecho menor pero tampoco es un hecho aislado.
Ahora preguntémonos, si los chicos tienen esta conducta extremadamente violenta ¿No será por culpa de los grandes?

Hagámonos cargo de una buena vez de nuestras faltas, dejemos de terciarizar las culpas, asumamos que por nosotros las “cosas” están como están. Dejemos decir que la culpa la tienen las entidades gubernamentales, los padres, nuestros vecinos, nuestros hijos; dejemos de decir que “en nuestros tiempos las cosas eran de otra forma” y hagámonos cargo. Tal vez, y solo tal vez, cuando ese momento llegue todos podamos saborear un poco de paz en este país.

11 de mayo de 2008

De eso SI se habla

“Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento.” Nelson Mandela

    Política ¿de eso no se habla? ¿Por qué será que la sociedad argentina fue perdiendo el interés en la política?¿Este desinterés es sólo por parte de los jóvenes?¿Sólo se trata de desinterés o también tendrá que ver con la resignación?
    Probablemente una de las causas surge del llamado "Proceso de reorganización nacional", mejor dicho, la última y más cruel dictadura militar que debió sufrir la Argentina (1976-1983). Una de sus metas era eliminar a todos los subversivos y lo que hicieron fue “desaparecer” a toda persona que se encontraba políticamente activa (ya sea en partidos políticos, sindicatos, movimientos estudiantiles, organizaciones no gubernamentales, intelectuales, humanistas, etc.) y sembrar el miedo en el resto de la sociedad, convirtiendo la militancia política en tabú. Se consiguió lo que se buscaba, que el pueblo se interese cada vez menos en la cosa política, la cosa pública.
    En la actualidad el miedo fue reemplazado por el desinterés. Puede pensarse con fundamento que las actitudes de rechazo a la política son la consecuencia indeseable, pero lógica, de tantas decepciones producidas por distintos políticos que hemos conocido. Les pido que hagamos un poco de memoria: al término de la última dictadura en el pueblo se podía palpar la esperanza renovada volcada en la democracia, las elecciones dieron por ganador Raúl Ricardo Alfonsin quien no pudo terminar su mandato y debió renunciar, unos meses antes, a su puesto, la Argentina estaba sufriendo hiperinflación, déficit, desempleo, etc. Un nuevo fracaso íbamos a tener que desafiar, este fue la segunda década infame que tendría que afrontar el país con Carlos Saúl Menem al mando, una lista interminable de atrocidades (privatizaciones de la mayoría, sino de todas, las empresas estatales; una desocupación del 40%; aumento de la deuda externa, tráfico de armas, etc., etc.) que realizó mientras el pueblo prefirió mirar para otro lado. No alcanzó con esto, nuevas decepciones tendríamos que sufrir. Nuevamente elecciones dieron como electo a Fernando De la Rúa a 2 años de su mandato el pueblo salió a la calle con sus cacerolas, les habían tocado el bolsillo y eso no lo podían permitir, llegó el “que se vayan todos” acompañado del “nos vamos todos”, corralito, riesgo país, inflación, fin de la convertibilidad 1 a 1, saqueos, manifestaciones, represión, cinco presidentes en una semana. Consecuencia lógicas del monstruoso mandato anterior. En las elecciones del 2004 el candidato con mayor cantidad de votos no fue otro que Menem, pero se retiró del balotaje, nuestro nuevo presidente fue Néstor Kirchner. Sin embargo no habíamos aprendido nada. Habiendo pasado por todo esto es racional que hayamos perdido la esperanza, que creamos que quien sea que se siente en el sillón de Rivadavia nos va a volver a decepcionar, que nada va a cambiar, pero no dejemos que el pasado nos abata, es obvio que si no participamos cada vez vamos a estar peor, si hacemos lo contrario tenemos una posibilidad, por mínima que sea, de transformar nuestro panorama.
    La corrupción, el clientelismo, la presencia de los mismos candidatos en las cúspides de los partidos, nos hacen pensar que nada va a cambiar, que nuestro voto no vale nada pero ¿no será eso lo que quieren que pensemos? No es casualidad la degradación que viene sufriendo la educación, un pueblo ignorante es más fácil de dominar, sumado a la indigencia que lleva a los niños a trabajar a muy temprana edad, o peor, se sienten expulsados del sistema y no cuentan con una sólida institución que consiga incluirlo a la sociedad. También hay que tener en cuenta que vivimos en un país centralizado, lo que significa que en muchas ciudades del país no se cuenta con suficientes instituciones escolares, o maestros, hay chicos que deben viajar kilómetros para llegar al colegio, jóvenes que deben abandonar su provincia en busca de un futuro mejor, ya sea para estudiar en alguna universidad o para conseguir un trabajo digno. Corresponde a la escuela formar ciudadanos, sujetos críticos capaces de desnaturalizar lo que los medios o discursos nos dan masticado.
    Y, si pensamos en aquellas personas que creen que el sistema político, económico debería cambiar, nos encontramos con un panorama desalentador, ya que hoy en día, no hay en la Argentina un partido de izquierda con la suficiente fuerza para confrontar a los partidos convencionales(ya sean las diferentes ramas del peronismo o el radicalismo), sino varios pequeños partidos que no consiguen aparecer ni en el quinto puesto de las encuestas. ¿Será que todavía no entendieron que la unión hace la fuerza? En este punto no debemos dejar de tener en cuenta que las dictaduras que se instalaron en Sudamérica, apoyadas, sino establecidas, por los países dominantes a causa del miedo al comunismo, al “terrorismo rojo” procuró eliminar toda idea (y persona) revolucionaria.
    En definitiva el desinterés empobrece la vida ciudadana y a la democracia, que, para ser efectiva, requiere participación y conciencia cívica. La respuesta apropiada no es excluirse sino intervenir, con la convicción de que el país, para mejorar, necesita de la participación política.
    Ya no recordamos de lo que realmente se trata la democracia cuando llegan las elecciones y nos llega el turno de votar, lo hacemos porque en nuestro país el sufragio es obligatorio pero nos olvidamos que también es nuestro derecho. No podemos permitirnos olvidarlo, al hacerlo dejamos que otros decidan nuestro futuro por nosotros.